La profesionalización de la demanda: el verdadero desafío de la Resolución SE 400/2025

30.07.2026

Cómo la nueva regulación, las tecnologías emergentes y el cooperativismo eléctrico están redefiniendo el futuro del Mercado Eléctrico Mayorista argentino.

Por Fernando Alonso

Un cambio de paradigma para la industria eléctrica

La industria eléctrica argentina se encuentra frente a una de las transformaciones más profundas desde la creación del Mercado Eléctrico Mayorista (MEM) en la década de 1990. La Resolución SE 400/2025 de la Secretaría de Energía representa mucho más que una modificación regulatoria: inaugura una nueva forma de concebir el abastecimiento eléctrico, desplazando el centro de gravedad del sistema desde el despacho administrado hacia la contratación de la demanda, la gestión del riesgo y la competencia entre oferentes.

Si bien el debate público suele concentrarse en los aspectos tarifarios o en el impacto inmediato de las reformas sobre los usuarios, el verdadero alcance de esta resolución se encuentra en un plano más profundo. Lo que comienza a modificarse es la arquitectura institucional del mercado eléctrico argentino y, con ella, los roles históricos de todos sus participantes: el Estado, los organismos reguladores, los generadores, las distribuidoras y, especialmente, las cooperativas eléctricas.

La reforma aparece, además, en un momento particularmente significativo. El sistema eléctrico enfrenta simultáneamente tres procesos de transformación: la necesidad de recuperar señales económicas que incentiven la inversión, la incorporación acelerada de nuevas tecnologías de generación y almacenamiento, y la creciente descentralización de la producción de energía. La Resolución 400/2025 constituye, en ese contexto, el instrumento regulatorio que intenta articular esos cambios dentro de un nuevo esquema de funcionamiento del mercado.

No se trata simplemente de comprar energía de otra manera: se trata de construir un mercado donde las decisiones comerciales y la gestión eficiente del abastecimiento pasan a ocupar un lugar tan importante como la operación técnica de las redes.

¿Qué cambia realmente la Resolución SE 400/2025?

Toda reforma regulatoria necesita un objetivo claro. En este caso, la Secretaría de Energía busca reemplazar progresivamente un modelo donde buena parte del abastecimiento dependía del despacho administrado y de decisiones centralizadas, por otro basado en contratos de mediano y largo plazo celebrados entre compradores y vendedores de energía.

El instrumento elegido para alcanzar ese objetivo es contundente: las distribuidoras deberán cubrir al menos el 75 % de su demanda estacionalizada mediante contratos de abastecimiento, quedando el mercado spot reservado para diferencias operativas o contingencias excepcionales. Esta obligación contractual constituye el verdadero corazón de la reforma.

El cambio tiene implicancias mucho más amplias de lo que podría suponerse a primera vista. En primer lugar, otorga previsibilidad tanto a la demanda como a la oferta. Para los generadores, disponer de contratos de largo plazo mejora sustancialmente las condiciones de financiamiento de nuevos proyectos, ya que permite demostrar ingresos futuros relativamente estables frente a entidades financieras e inversores. Para las distribuidoras, la contratación reduce la exposición a la volatilidad de los precios del mercado de corto plazo y facilita una planificación más eficiente de sus costos de abastecimiento.

En segundo lugar, la resolución reabre el Mercado a Término, tanto para energía (MATE) como para potencia (MATP), promoviendo que la energía deje de adquirirse exclusivamente bajo mecanismos administrados y pueda negociarse mediante contratos competitivos entre las partes.

No menos importante es el papel que la resolución asigna a los organismos reguladores provinciales. La nueva arquitectura del mercado requiere que los procesos de contratación sean competitivos, auditables y técnicamente consistentes: ya no alcanzará con controlar la calidad del servicio o autorizar cuadros tarifarios, sino que será necesario supervisar la calidad de los procesos de compra y verificar que las decisiones adoptadas por las distribuidoras protejan efectivamente el interés de los usuarios.

En este punto cobra especial relevancia la Matriz de Evaluación de Riesgos Contractuales (MERC), concebida como una herramienta para analizar la calidad de los contratos antes de autorizar su traslado a tarifa. El principio es simple pero trascendente: el usuario final no debe soportar riesgos que puedan evitarse mediante una adecuada gestión contractual. La regulación, en consecuencia, deja de concentrarse exclusivamente en el precio de la energía para incorporar un nuevo criterio: la calidad de las decisiones empresariales.

La revolución tecnológica que acompaña la reforma

La Resolución SE 400/2025 no puede analizarse aisladamente. Su verdadero significado aparece cuando se la observa junto con la profunda transformación tecnológica que atraviesa el sector energético a escala mundial.

Durante gran parte del siglo XX, el sistema eléctrico estuvo organizado alrededor de grandes centrales de generación —hidroeléctricas, térmicas o nucleares— conectadas mediante extensas redes de transporte hacia los principales centros urbanos. Ese modelo continúa vigente, pero comienza a convivir con una nueva generación de tecnologías que modifican radicalmente la lógica del sistema.

Las energías renovables, particularmente la generación eólica y solar, han dejado de ser alternativas experimentales para convertirse en fuentes competitivas de abastecimiento. Su desarrollo tecnológico y la reducción sostenida de sus costos de inversión permiten hoy incorporarlas como parte estable de la matriz energética. Sin embargo, el verdadero salto cualitativo proviene de su combinación con los Battery Energy Storage Systems (BESS) o sistemas de almacenamiento mediante baterías.

Hasta hace pocos años, la electricidad presentaba una limitación histórica: debía consumirse prácticamente en el mismo instante en que era generada. El almacenamiento masivo modifica esa condición. Los BESS permiten acumular energía durante períodos de baja demanda o alta generación renovable y entregarla cuando el sistema la necesita, aportando flexibilidad operativa, estabilidad de frecuencia, reserva de potencia y mayor resiliencia frente a contingencias.

En términos económicos, el almacenamiento también cambia las reglas del juego: permite optimizar el despacho, reducir costos asociados a generación de respaldo y facilitar la integración de recursos renovables cuya producción depende de variables climáticas.

A esta evolución se suma el desarrollo de los Small Modular Reactors (SMR), pequeños reactores nucleares modulares que representan una nueva generación de tecnología nuclear. A diferencia de las centrales tradicionales, los SMR pueden fabricarse en módulos, requieren menores inversiones iniciales, reducen los plazos de construcción y ofrecen mayor flexibilidad para abastecer sistemas regionales o polos industriales específicos.

Estas innovaciones comienzan a configurar un sistema eléctrico diferente: más descentralizado, más flexible y con una creciente proximidad entre generación y consumo. En consecuencia, disminuyen las pérdidas en el transporte, se reducen las necesidades de expansión de grandes redes y aparecen oportunidades para desarrollar soluciones energéticas adaptadas a las características de cada región.

La reforma regulatoria y la transformación tecnológica avanzan, por lo tanto, en la misma dirección. Mientras la Resolución 400/2025 redefine las reglas económicas del mercado, las nuevas tecnologías amplían las alternativas disponibles para quienes deberán contratar y administrar el abastecimiento eléctrico.

De operadores de redes a administradores de contratos: el nuevo rol de las distribuidoras y el desafío histórico del cooperativismo eléctrico

Si la Resolución SE 400/2025 modifica las reglas del mercado, el cambio más profundo no ocurre en los despachos de CAMMESA ni en las salas de control de los generadores. El verdadero impacto se produce en las organizaciones que deberán tomar decisiones comerciales todos los días para garantizar el abastecimiento de sus usuarios: la reforma cambia la naturaleza misma de las distribuidoras eléctricas.

Hasta ahora, la mayor parte de ellas concentraba su gestión en la operación y mantenimiento de las redes, la calidad del servicio, la reducción de pérdidas técnicas y comerciales y la atención de los usuarios. El abastecimiento energético, aunque relevante, se encontraba condicionado por un sistema donde las decisiones centrales eran adoptadas dentro de un marco regulatorio mucho más administrado. La Resolución 400/2025 altera ese equilibrio.

A partir de ahora, las distribuidoras deberán asumir un rol activo en la planificación de su abastecimiento, transformándose en verdaderos gestores de energía. Su responsabilidad ya no terminará en la operación de las redes: comenzará mucho antes, en la selección de proveedores, la negociación de contratos y la construcción de estrategias que aseguren simultáneamente competitividad, seguridad de suministro y estabilidad económica.

Esta transformación implica incorporar capacidades que históricamente no eran prioritarias dentro de muchas empresas distribuidoras. Será necesario comprender el funcionamiento de los mercados energéticos, evaluar escenarios de precios, diversificar fuentes de abastecimiento, administrar riesgos regulatorios y cambiarios, proyectar la evolución de la demanda y analizar el impacto económico de cada decisión contractual. En otras palabras, el abastecimiento deja de ser una consecuencia del sistema para convertirse en una función estratégica de la empresa.

El contrato como herramienta de gestión

Uno de los cambios conceptuales más relevantes que introduce la reforma es que el contrato deja de ser un simple instrumento jurídico para convertirse en el principal activo de gestión del abastecimiento.

Hasta ahora, la discusión del sector eléctrico se concentraba en variables tradicionales como el costo de generación, las pérdidas técnicas o las inversiones en infraestructura. A partir de esta reforma, la calidad de los contratos pasa a tener un impacto directo sobre la competitividad de cada distribuidora y, en consecuencia, sobre el costo final que enfrentan los usuarios.

No todos los contratos presentan el mismo nivel de riesgo. Su duración, las condiciones de ajuste de precios, la solvencia del generador, la moneda de referencia, las garantías, las cláusulas de incumplimiento y los mecanismos de resolución de controversias pasan a formar parte de un análisis que trasciende lo estrictamente jurídico para convertirse en un componente esencial de la gestión empresarial.

Por esa razón la Resolución incorpora el concepto de Matriz de Evaluación de Riesgos Contractuales (MERC), destinada a evaluar la calidad de los contratos antes de autorizar su reconocimiento tarifario. El objetivo es claro: proteger a los usuarios evitando que se trasladen a las tarifas decisiones comerciales ineficientes o riesgos que podrían haberse administrado adecuadamente. En consecuencia, el éxito de las distribuidoras ya no dependerá únicamente de operar correctamente las redes, sino también de su capacidad para administrar inteligentemente el riesgo.

La profesionalización de la demanda

Quizás la mayor innovación conceptual de la Resolución 400/2025 sea que profesionaliza la demanda. Tradicionalmente, cuando se hablaba de profesionalización en el sector eléctrico, el concepto se asociaba con la ingeniería, la operación de sistemas o el mantenimiento de infraestructura. Hoy el desafío es diferente: la demanda también debe profesionalizarse.

Comprar energía deja de ser una tarea administrativa para transformarse en un proceso estratégico que requiere conocimientos económicos, financieros, regulatorios y tecnológicos. Las distribuidoras deberán construir verdaderas áreas especializadas en abastecimiento energético, capaces de analizar mercados, comparar alternativas de contratación, administrar portafolios, proyectar escenarios y gestionar riesgos. En definitiva, deberán desarrollar una inteligencia comercial que hasta ahora era patrimonio casi exclusivo de los grandes actores del mercado.

El desafío del cooperativismo eléctrico

Si existe un sector donde este cambio adquiere una dimensión particularmente trascendente, es el cooperativismo eléctrico argentino. Las cooperativas no son un actor marginal dentro del sistema: por el contrario, representan uno de los pilares históricos del desarrollo eléctrico nacional.

Durante más de un siglo llevaron electricidad a cientos de localidades donde la inversión privada no encontraba incentivos económicos suficientes. Construyeron redes, desarrollaron infraestructura y sostuvieron la prestación del servicio público en regiones donde el cooperativismo fue, muchas veces, el único modelo posible de organización.

Su aporte excede ampliamente el suministro de energía. Las cooperativas constituyen instituciones profundamente vinculadas con sus comunidades: generan empleo, impulsan el desarrollo local y, en numerosos casos, prestan además otros servicios públicos esenciales como agua potable, telecomunicaciones, internet, gas o servicios sociales.

Precisamente por esa importancia territorial, la Resolución 400/2025 las coloca frente al mayor desafío institucional desde su creación. Hasta ahora, el principal patrimonio de una cooperativa era su capacidad para operar eficientemente la red eléctrica; a partir de esta reforma, ese patrimonio deberá complementarse con otro activo igualmente importante: el conocimiento. La capacidad para comprar energía de manera eficiente será tan relevante como la capacidad para distribuirla.

Y allí aparece el verdadero cambio de paradigma: las cooperativas dejarán de competir exclusivamente por eficiencia operativa para hacerlo también por capacidad de gestión. Administrar contratos, evaluar riesgos, interpretar mercados, analizar tecnologías, negociar abastecimiento y planificar financieramente son competencias que pasarán a integrar el núcleo mismo de la gestión cooperativa. No se trata simplemente de incorporar nuevas herramientas administrativas: se trata de construir una nueva cultura organizacional.

La segunda generación del cooperativismo eléctrico: profesionalización, federalización y construcción de inteligencia sectorial

La transformación que impulsa la Resolución SE 400/2025 no puede medirse únicamente por los cambios que introduce en el Mercado Eléctrico Mayorista. Su verdadero impacto deberá evaluarse por la capacidad que tengan los distintos actores para adaptarse a un modelo donde la eficiencia ya no dependerá exclusivamente de la infraestructura, sino también de la calidad de la gestión. En ese escenario, el cooperativismo eléctrico argentino enfrenta probablemente el desafío más importante desde su nacimiento.

Una segunda generación del cooperativismo

Las cooperativas eléctricas surgieron para resolver un problema concreto: llevar electricidad donde el mercado no encontraba incentivos suficientes para invertir. Fue un modelo extraordinariamente exitoso: gracias a ese esfuerzo colectivo, miles de localidades pudieron acceder al servicio eléctrico mucho antes de que resultaran atractivas para grandes operadores privados.

Aquella primera generación del cooperativismo estuvo orientada a construir infraestructura. La prioridad era electrificar, construir líneas, levantar subestaciones, expandir redes y garantizar el acceso universal al servicio. Hoy el desafío es diferente: la infraestructura continúa siendo indispensable, pero ya no constituye el principal factor de competitividad.

La Resolución SE 400/2025 inaugura una segunda etapa. Las cooperativas deberán convertirse en organizaciones capaces de administrar mercados tan eficientemente como administran sus redes. La energía deja de ser únicamente un servicio público: también pasa a ser un activo estratégico cuya adquisición requiere inteligencia comercial.

En consecuencia, las cooperativas deberán evolucionar desde organizaciones predominantemente operativas hacia organizaciones capaces de integrar ingeniería, economía, finanzas, derecho regulatorio y análisis de mercados dentro de un mismo proceso de decisión. Ese cambio cultural probablemente resulte más complejo que cualquier modificación tecnológica.

Profesionalizar no significa abandonar la identidad cooperativa

Cada vez que se plantea la necesidad de profesionalizar la gestión aparece una preocupación legítima: que las cooperativas pierdan su identidad social. Sin embargo, ambos conceptos no son incompatibles. Por el contrario: la profesionalización constituye hoy la mejor herramienta para preservar el modelo cooperativo.

Las empresas privadas cuentan naturalmente con estructuras especializadas para negociar contratos, evaluar inversiones y administrar riesgos. Si las cooperativas desean competir en igualdad de condiciones deberán desarrollar capacidades similares, sin abandonar los principios de ayuda mutua, participación democrática y compromiso con la comunidad que las caracterizan.

La diferencia seguirá estando en el destino de los resultados económicos: mientras una empresa privada distribuye utilidades entre sus accionistas, una cooperativa reinvierte esos recursos en mejorar los servicios, ampliar la infraestructura y fortalecer el desarrollo de su comunidad. La eficiencia empresarial y los valores cooperativos no son objetivos contrapuestos: son condiciones complementarias para garantizar la sostenibilidad del sistema.

Federalizar el conocimiento

Uno de los mayores riesgos de esta transformación consiste en que las asimetrías entre grandes distribuidoras urbanas y pequeñas cooperativas del interior terminen profundizándose. Las empresas de mayor escala cuentan con equipos especializados en regulación, finanzas, contratación y análisis económico, mientras que muchas cooperativas pequeñas difícilmente puedan construir individualmente estructuras semejantes.

Aquí aparece una idea que, a mi juicio, será determinante durante la próxima década: la federalización del conocimiento. Durante años el debate se concentró en federalizar los recursos energéticos; ahora será igualmente importante federalizar las capacidades técnicas.

Las federaciones provinciales y las entidades nacionales del cooperativismo deberían asumir un nuevo papel institucional: no solamente representar políticamente a sus asociadas, sino también transformarse en verdaderos centros de inteligencia sectorial. Su misión podría incluir:

  • elaborar modelos de contratos de abastecimiento;
  • realizar estudios comparativos de precios;
  • monitorear permanentemente el Mercado a Término;
  • desarrollar indicadores de riesgo;
  • capacitar equipos técnicos;
  • brindar asistencia jurídica especializada;
  • producir información económica para la toma de decisiones;
  • coordinar procesos de compras conjuntas.

En otras palabras, compartir conocimiento para reducir las asimetrías existentes entre cooperativas de distinta escala. La cooperación técnica será tan importante como la cooperación comercial.

Compras conjuntas: una herramienta de competitividad

La propia Resolución 400/2025 abre una oportunidad particularmente valiosa para el sector cooperativo al habilitar mecanismos de contratación que pueden favorecer la agregación de demanda. Cuando varias distribuidoras o cooperativas concentran sus necesidades de abastecimiento pueden obtener mejores condiciones económicas, reducir riesgos contractuales y acceder a proveedores que, individualmente, quizás no considerarían atractivo negociar con pequeños compradores.

No se trata únicamente de obtener mejores precios: también mejora la diversificación del riesgo, se fortalecen las condiciones de negociación, se reducen los costos administrativos y aumenta la capacidad técnica disponible para analizar ofertas complejas. La integración regional deja así de ser un principio histórico del cooperativismo para convertirse en una verdadera estrategia empresarial.

La experiencia internacional ofrece enseñanzas

Los países que avanzaron hacia mercados eléctricos más competitivos muestran algunos elementos comunes.

  • Chile consolidó un sistema basado en licitaciones de largo plazo para abastecer la demanda regulada.
  • Uruguay logró combinar planificación estatal con contratos que otorgaron previsibilidad a las inversiones.
  • España desarrolló mercados organizados complementados con contratación bilateral.
  • Panamá fortaleció la seguridad del abastecimiento mediante mecanismos contractuales estables.

Más allá de las diferencias institucionales, todos esos modelos comparten algunos principios fundamentales:

  • previsibilidad regulatoria;
  • contratación de largo plazo;
  • procesos competitivos de selección;
  • reglas transparentes para el traslado de costos;
  • organismos reguladores técnicamente sólidos.

La Argentina parece avanzar en esa dirección. Sin embargo, ningún diseño regulatorio garantiza por sí mismo el éxito: las reglas crean oportunidades, y son las instituciones las que las convierten en resultados. Y en ese punto las cooperativas tendrán una enorme responsabilidad.

Gobernanza para una nueva etapa

La transformación también alcanza a los órganos de conducción. Los Consejos de Administración deberán incorporar nuevas competencias, porque las decisiones vinculadas al abastecimiento energético ya no podrán basarse exclusivamente en la experiencia acumulada: requerirán información de mercado, evaluaciones económicas, análisis de sensibilidad, proyecciones financieras, indicadores de riesgo y modelización de escenarios.

Ello no implica reemplazar la conducción democrática propia del cooperativismo; implica dotarla de mejores herramientas para decidir. La buena gobernanza será una ventaja competitiva, porque administrar contratos de abastecimiento durante diez o quince años exige instituciones capaces de sostener políticas de largo plazo más allá de los cambios de autoridades.

En definitiva, la profesionalización no comienza con la contratación de especialistas: comienza con la construcción de organizaciones que aprenden, comparten conocimiento y toman decisiones basadas en evidencia.

La transición energética también es una transformación institucional

La transición energética suele asociarse con paneles solares, parques eólicos, baterías de almacenamiento o pequeños reactores nucleares modulares. Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que las innovaciones tecnológicas solo producen cambios duraderos cuando están acompañadas por instituciones capaces de incorporarlas de manera eficiente.

Ese es, precisamente, el desafío que plantea la Resolución SE 400/2025. La norma constituye un primer paso hacia un mercado donde la competencia ya no estará determinada únicamente por quién genera energía a menor costo, sino también por quién logra administrarla con mayor eficiencia. En este nuevo escenario, la calidad de las decisiones empresariales será tan importante como la calidad de la infraestructura.

El nuevo Mercado Eléctrico Mayorista

Durante muchos años el Mercado Eléctrico Mayorista argentino estuvo condicionado por mecanismos de administración centralizada que, si bien permitieron afrontar distintas coyunturas económicas, redujeron progresivamente los incentivos para la contratación privada y debilitaron las señales económicas necesarias para atraer inversiones.

La Resolución 400/2025 intenta comenzar a revertir esa situación. La obligación de contratar al menos el 75 % de la demanda, la reapertura del Mercado a Término y la incorporación de mecanismos de evaluación contractual buscan reconstruir un mercado donde los contratos vuelvan a ser el principal instrumento de asignación eficiente de recursos.

El objetivo final parece claro: construir un sistema donde la inversión vuelva a responder a señales económicas estables y donde el abastecimiento deje de depender exclusivamente de decisiones administrativas. Ese proceso, naturalmente, será gradual. Todavía resta completar reglamentaciones, consolidar nuevos instrumentos regulatorios y fortalecer la seguridad jurídica necesaria para respaldar inversiones de largo plazo. Pero el rumbo parece definido.

Las cooperativas como protagonistas de la transición

Dentro de ese proceso existe un actor cuyo desempeño puede resultar decisivo: las cooperativas eléctricas. Su importancia no radica únicamente en la cantidad de usuarios que abastecen. Su verdadero valor estratégico reside en su presencia institucional: en cientos de localidades argentinas constituyen la principal organización vinculada con la prestación de servicios públicos, conocen las características productivas de cada región, mantienen una relación directa con los usuarios y poseen una legitimidad social construida durante décadas.

Todas esas fortalezas pueden convertirse ahora en ventajas competitivas, porque la creciente descentralización del sistema eléctrico favorece precisamente a organizaciones con fuerte arraigo territorial. La generación distribuida, las comunidades energéticas, los sistemas de almacenamiento, las microrredes, la movilidad eléctrica y la digitalización de las redes: todas estas tecnologías encuentran en las cooperativas un ámbito natural para su desarrollo. No porque sean cooperativas, sino porque son organizaciones profundamente integradas a los territorios donde esas transformaciones deberán producirse.

Del servicio eléctrico al servicio energético

Existe además otra transformación que probablemente marcará la próxima década: las distribuidoras dejarán progresivamente de vender únicamente electricidad y comenzarán a gestionar servicios energéticos. La digitalización de las redes, los medidores inteligentes, la respuesta de la demanda, la generación distribuida, el almacenamiento domiciliario y la electromovilidad modificarán la relación tradicional entre distribuidor y usuario.

El consumidor dejará de ser un actor pasivo y pasará a interactuar con el sistema: podrá generar parte de su energía, almacenarla, consumirla cuando resulte económicamente conveniente e incluso comercializar excedentes bajo determinados esquemas regulatorios.

Ese escenario exigirá organizaciones mucho más sofisticadas. Las cooperativas deberán prepararse para administrar datos además de energía, información además de infraestructura, servicios además de redes. La transformación digital será tan importante como la transición energética.

Una agenda para el cooperativismo argentino

Si la Resolución SE 400/2025 inaugura una nueva etapa, el cooperativismo también necesita construir una agenda propia para los próximos años. Entre las prioridades estratégicas aparecen, al menos, seis líneas de acción.

  • Primero, profesionalizar la gestión incorporando especialistas en regulación, contratación, finanzas y administración de riesgos.
  • Segundo, fortalecer la capacitación permanente de dirigentes, gerentes y equipos técnicos para afrontar un mercado crecientemente complejo.
  • Tercero, promover mecanismos de compras conjuntas que permitan generar economías de escala y mejorar el poder de negociación.
  • Cuarto, consolidar el papel de las federaciones como centros de inteligencia sectorial capaces de brindar asistencia técnica, información económica y servicios especializados a sus entidades asociadas.
  • Quinto, impulsar la incorporación gradual de nuevas tecnologías, aprovechando las oportunidades que ofrecen las energías renovables, los sistemas BESS, la generación distribuida y, en el futuro, los reactores modulares de pequeña escala cuando su desarrollo comercial lo permita.
  • Finalmente, fortalecer el diálogo institucional entre cooperativas, reguladores, provincias y Gobierno Nacional para asegurar que la evolución del mercado contemple la diversidad territorial del sistema eléctrico argentino.

La transición energética no puede construirse exclusivamente desde los grandes centros urbanos: necesita incorporar plenamente al interior productivo del país. Y allí las cooperativas poseen una ventaja institucional difícilmente reemplazable.

Una visión de largo plazo

Las reformas regulatorias suelen evaluarse por sus efectos inmediatos. Sin embargo, las transformaciones más profundas solo pueden comprenderse con perspectiva histórica.

Dentro de algunos años probablemente recordemos la Resolución SE 400/2025 no solamente por haber reabierto el Mercado a Término o por haber establecido la contratación obligatoria de la demanda. La recordaremos porque marcó el momento en que el sistema eléctrico argentino comenzó a cambiar la lógica de funcionamiento que había predominado durante décadas.

La infraestructura seguirá siendo indispensable, las inversiones continuarán siendo necesarias y la ingeniería conservará un papel central. Pero el éxito del nuevo mercado dependerá crecientemente de factores diferentes: la calidad institucional, la estabilidad regulatoria, la capacidad para administrar riesgos, la profesionalización de las organizaciones, la cooperación entre actores y la generación de conocimiento.

Conclusión

La Resolución SE 400/2025 no constituye únicamente una reforma administrativa del Mercado Eléctrico Mayorista. Representa el inicio de una nueva etapa para la industria eléctrica argentina: una etapa donde el abastecimiento dejará de depender exclusivamente de decisiones centralizadas para apoyarse en contratos competitivos, reglas previsibles y organizaciones capaces de gestionar mercados cada vez más sofisticados.

Las nuevas tecnologías —energías renovables, almacenamiento mediante baterías, digitalización de las redes y, en el futuro, reactores modulares de pequeña escala— acelerarán esa transformación, permitiendo un sistema más descentralizado, flexible y eficiente. Pero la verdadera innovación no será tecnológica: será institucional.

El cooperativismo eléctrico argentino enfrenta hoy una oportunidad comparable a la que tuvo hace más de un siglo cuando decidió llevar electricidad allí donde nadie más estaba dispuesto a hacerlo. Aquella primera generación construyó redes; la segunda deberá construir conocimiento. La primera electrificó el territorio; la segunda deberá administrar inteligencia, contratos, riesgos y tecnologías.

Si logra recorrer ese camino, las cooperativas no solo continuarán siendo prestadoras de un servicio público esencial: se convertirán en actores estratégicos de la transición energética argentina, demostrando que los principios de solidaridad, participación y desarrollo local pueden convivir con la excelencia técnica, la eficiencia empresarial y la innovación.

Ese es, en definitiva, el verdadero desafío que plantea la Resolución SE 400/2025. Y también la gran oportunidad para que el cooperativismo eléctrico escriba un nuevo capítulo en la historia energética del país.

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